Salir del Yo para Encontrar el Verdadero Amor
Al fin y al cabo, ¿de qué se trata la vida?
Sé que voy a decir cosas que, a muchos, no les va a gustar. Vivimos en la era del "yo", donde el bienestar personal parece ser el centro de todo. Todo gira en torno a nuestros deseos, nuestros gustos, nuestras necesidades. Nos hemos acostumbrado a medir el valor de las cosas, e incluso de las personas, según lo que nos aportan. Si algo nos hace bien, lo conservamos; si deja de cumplir su función, lo desechamos. Y eso, tristemente, incluye relaciones, amistades e incluso compromisos con la comunidad o con Dios.
El problema de esta forma de vivir es que nos aísla. Cada vez estamos más desconectados unos de otros. Al poner nuestra comodidad por encima de todo, nos alejamos del verdadero sentido de la vida: el amor y la entrega.
Jesús nos propone algo radicalmente diferente: salir de nosotros mismos, descentrarnos y poner al otro en el centro. Esta es la clave del Reino de Dios.
Salir del centro: Un camino de amor
La Cuaresma es un tiempo ideal para reflexionar sobre esta propuesta de Jesús. Él nos dice: "El que quiera venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz y sígame" (Mateo 16,24). Esto no significa que nuestras necesidades o problemas no importen, sino que nuestra felicidad verdadera no se encuentra en buscar solo nuestro bienestar, sino en el amor y la entrega.
Vivimos en un mundo que nos dice que debemos buscar nuestro "bienestar personal" a toda costa. Pero Jesús nos enseña que la verdadera plenitud se encuentra en servir a los demás. Pensemos en los santos, que no vivieron para ellos mismos, sino para los otros: San Francisco de Asís, Santa Teresa de Calcuta, San Juan Pablo II. Sus vidas fueron un testimonio de que la alegría verdadera nace del don de sí mismo.
El Reino de Dios: donde el otro es el centro
El Reino de Dios no es un lugar físico, sino una forma de vivir. Es amor, fraternidad y servicio. Es ver a los demás como hermanos, especialmente a los más necesitados. ¡Cuán fácil es olvidar esto en nuestro día a día! Nos preocupamos por nuestras propias cargas y problemas, y muchas veces nos olvidamos del que sufre a nuestro lado.
El Papa Francisco nos invita constantemente a salir al encuentro del otro, a mirar más allá de nuestras comodidades y a abrazar la realidad de los más vulnerables. No podemos decir que seguimos a Jesús si no estamos dispuestos a amar y servir a nuestros hermanos.
Un desafío para esta Cuaresma
Esta Cuaresma, podríamos proponernos un desafío concreto: descentrarnos. Pasar menos tiempo pensando en lo que nos falta y más en cómo podemos ayudar. Tal vez podría ser visitar a alguien que esté solo, dedicar tiempo a escuchar a un amigo que lo necesita o hacer un pequeño sacrificio por alguien más. Cada gesto de amor es una semilla del Reino.
No se trata de hacer grandes cosas, sino de cambiar nuestra actitud. Si dejamos de vivir para nosotros mismos y comenzamos a vivir para los demás, encontraremos la verdadera alegría.
Jesús nos invita a salir de nosotros mismos, a dejar de vivir solo para nuestro bienestar y a poner el amor en el centro de nuestra vida. Cuando nos descentramos, descubrimos que hay una alegría más grande que la comodidad: la alegría del amor y el servicio.
La Pregunta que podemos hacernos hoy es: ¿Cómo puedo salir de mí mismo y poner el amor en el centro de mi vida?
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